Recuerdos del futuro

Mundos imaginados por el cine de ciencia ficción, fantasías devenidas cartel.

Planetas por explorar, vida extraterrestre, inteligencia artificial. Tópicos que despiertan la curiosidad del hombre, y que el cine -con sus afiches- hicieron imagen.

Explorando mundos

planetas

Desde el primer momento en que contempló las estrellas, el hombre soñó con viajar a otros planetas. Georges Méliès -inspirado en las novelas de Julio Verne-, fue pionero en llevar esa imaginería al cine, siendo su cinta de 1902 Trip to the Moon una obra cumbre del séptimo arte. Relato que se asocia con una escena, la del cohete incrustado en la luna/rostro humano; imagen que -de tan icónica- se trasladará a toda gráfica del film. Más actual, Moon también ubica a la luna en el centro de su cartel, pero lo hace síntesis mediante: se vale de líneas concéntricas que a su vez sugieren un efecto moaré. La tipografía de palo seco para el título, refuerza el ascetismo visual del conjunto.
Minimalismo que se repite en el cartel alternativo de Gravity, donde el espacio es representado por un fondo de negro pleno. Ambos afiches, destacan al protagonista principal de estos viajes: el astronauta. Un héroe individual moderno precedido por guerreros interestelares (devenidos clásicos), como Flash Gordon y Barbarella. Esta última, la sensual heroína que -culto al cuerpo mediante-, es presentada como «La Reina de la galaxia». En su afiche (que remite a las portadas de los pulp magazines), el erotismo ocupa -como en la trama- el centro de la escena. De ahí la ilustración hiperrealista de su figura, destacando las texturas del cuerpo, y el brillo metálico de las «fálicas» armas. Su nombre conlleva un tratamiento tipográfico que retomará Star Wars en sus créditos de inicio. Para no ser menos, el sexo opuesto tiene su representante: Flash, héroe que sin embargo ocupa, (por diferencia de escala) un segundo plano en el afiche, ya que se destaca -por tamaño y ubicación- al malvado Ming. El logo que «firma» la escena devendrá marca registrada, al punto de ser el elemento gráfico principal en la portada del OST compuesta por Queen.

Fauna extraterrestre

aliens

La eterna pregunta que sigue sin respuesta: ¿hay vida extraterrestre? Aún no existen evidencias concretas, o si las hay, están bien custodiadas. El cine imaginó infinidad de aliens: dóciles y amigables, destructivos y belicosos, cada uno con su morfología y carácter particular. Algunos con formas definidas, otros mimetizados en cuerpos ajenos. Un amplio bestiario que incluye: insectos gigantes, seres vegetales, simbiosis y monstruos interplanetarios. (1) Sin dudas entre los más aterradores, se encuentra el Alien de Ridley Scott. Su afiche replica el clima del terror y suspenso del relato, que muestra al monstruo recién en las escenas finales. La gráfica sólo sugiere extrañeza, mostrando el capullo del que nacerá. El fondo negro sugiere universo, reforzando el sentido con la frase: «En el espacio nadie te oirá gritar». Un todo visual que reproduce el clima asfixiante de la película. En el extremo opuesto (el alienígena amigable), se halla el E.T. de Spielberg. Su cartel, impregnado de optimismo, promueve la «hermandad interplanetaria». Citando a la Creación de Adán de Miguel Angel, destaca el contacto de manos, rodeadas por un aura de luz. Otros films, como Village of the damned o The Thing, con planteos argumentales más inteligentes y adultos, imaginan otro tipo de invasor: uno cuya forma responderá al cuerpo que usurpe. Algo que genera extrañamiento en lo que antes era familiar. Sin bien –quizá por pertenecer a distintas épocas- ambos cuentan una historia similar, recurren a distintas soluciones visuales: el primero, una ilustración descriptiva y literal, el segundo con mayor economía de recursos, logrando una imagen más sugerente. Situación que se repite en los afiches de War of the worlds (1953/2005), que aún con distintos estilos, sintetizan la misma idea: la del invasor beligerante. Mars attack elige otro camino: anticipa desde su gráfica el tono pop y el humor negro del film, valiéndose de imágenes que remiten al cine de los 50 y a la gráfica de los cómics.

El hombre artificial

artificiales

Sean autómatas, hombres-máquina, robots, estos seres tienen un denominador común: son fruto de la unión de la vida con la tecnología. (2) Referirse a su presencia en los inicios del cine, conlleva a citar al Golem, cuyo nombre (que significa «materia amorfa») es dado a una estatua de arcilla capaz de cobrar vida. (3) Su cartel, inscripto en el Expresionismo alemán, destaca a la ciudad por sobre los personajes, sólo sugeridos a pequeña escala; una escena donde prima la distorsión arquitectónica y las tipografías dibujadas a mano. Un paisaje onírico acorde al clima de la película. Artificial Intelligence: AI es un claro ejemplo del buen uso de tipografía como imagen; plantea un juego positivo/negativo donde el contorno del niño androide David, dibuja el espacio interior de la letra A, completado con la figura que sugiere la I. Connotando además, la idea de doble/duplicado, presente en el hilo argumental. Su condición de “fábula sombría”, justifica el predominio del negro en el cartel. Bicentennial Man representa el caso opuesto: un diseño sin sutilezas. Si bien acorde a la historia (un ser biotecnológico anhela convertirse en ser humano y solicita el rediseño de su cara para expresar sentimientos), deja en un primer plano reconocible el rostro de Robin Williams fusionado con el robot. El resultado visual se somete a las demandas del Star System: los réditos económicos garantizados por un actor reconocido, por sobre las apuestas estéticas.

Apocalipsis ahora

apocalipsis

Por «fin del mundo» léase «fin de la raza humana». Sus desencadenantes, de acuerdo a cómo los aborda el cine, pueden agruparse en: antes/durante (fenómenos climatológicos, asteroides) y después (holocaustos nucleares y pandemias descontroladas). Tanto 2012 como The Day After Tomorrow comunican el apocalipsis mediante la sinécdoque: sintetizan a la civilización mostrando sus patrimonios culturales (la Estatua de la libertad y el Cristo de Río) arrasados por catástrofes climáticas. Melancholia, que narra el impacto de un asteroide con la Tierra, destaca la figura de una mujer vestida de novia. Personaje de vital importancia en el film, que sostendrá a su familia ante el inminente colapso del planeta. Una imagen sensual e inquietante, ya que el cuerpo (que aparenta estar de pie) flota sobre el agua sosteniendo un ramo de flores. Escena que sugiere tanto boda como funeral. Por su parte 12 Monkeys y 28 days later abordan los efectos de pandemias. El afiche del primero se vale sólo de un graffiti, logrando un resultado visual potente. El segundo, más explícito, agrupa un símbolo de contaminación, la síntesis de Londres (ciudad donde transcurre la historia) y un detalle diario de los efectos del virus. Pieza donde predominan los tonos rojos y las texturas grunge. La posapocalíptica The Road, destaca a sus personajes principales: el padre y su hijo que recorrerán los restos de la civilización. La mirada del padre, los tonos ocres y el fondo difuso, sugieren caos y destrucción.

Metrópolis

metropolis

Detallar que su realización implicó 620 km de película, 25.000 hombres y 250 niños (4) grafica la enorme dimensión de Metrópolis. Magnificencia que se traslada al cartel, diseñado en 1926 por Heinz Schulz-Neudmann. Tal es su valor como objeto cultural, que uno de los 4 originales existentes fue adquirido en el año 2005, en la suma de U$S 690.000. Hoy, está valuado en U$S 1.000.000. De los restantes otro se encuentra exhibido en el MoMA de Nueva York y los demás perdidos. En el poster conviven la arquitectura art decó de la monumental ciudad con el –ya emblemático- robot María, personaje clave de la historia. En la composición, prevalecen la verticalidad y los tonos ocres/dorados, matizados con claroscuros. Debido a la trascendencia cultural del film (fue declarado «Memoria del Mundo» por la Unesco) existen versiones alternativas del cartel. Las que, aún con diversas temáticas, coinciden en mostrar: la arquitectura de la ciudad (a veces fusionada con tipografías), el robot humanoide, la fuerza obrera como motor de la urbe, el laboratorio del científico Rotwang (donde se dará vida al androide). Párrafo aparte merece el logotipo con la palabra «Metrópolis», convertido en marca registrada que, aún por separado, remite inmediatamente al film.

Sebastián Vivarelli


Notas
(1, 3) «Cine Y Ciencia Ficción 1896/1973» – Luis Gasca – Editorial Planeta – 1975
(2) Revista «El amante» número 148 – Especial Robots – Agosto 2004.
(4) Revista «Haciendo cine» número 84 – Agosto 2008.

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