El arte de la guerra

“En The Hurt Locker, entonces, lo que menos interesan son las bombas.
Porque al repetirse una situación que debería ser excepcional como
la de las explosiones, pasa a importar lo que generalmente es periférico”.

Subjetiva de nadie – Marcos Vieytes

El botón rojo
El fantasma de la guerra nuclear se agita de nuevo. Alimentado por Donald Trump y Kim Jong-un en su patético reality pro-bélico. Desde la Guerra Fría entre EE.UU. y la Unión Soviética que no se percibía tan latente. El cine ya indagó en estas paranoias, e incluso describió sociedades post-nucleares. Ojalá no sean días de actualizar esos relatos.

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La síntesis gráfica de
Dr. Strangelove -potenciada por la técnica de ilustración- condensa la suma de todos los miedos (nucleares): el teléfono rojo listo para ser usado, el mundo partido en dos (las banderas de EE.UU y Rusia sobre el globo terráqueo), gobernantes lunáticos dispuestos a todo. Además, mediante una sutileza compositiva, la frase “or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb” simula bombas que caen desde los aviones.
When the Wind Blows es una de las mejores películas antibelicistas de la historia. Masterpiece que destaca por su banda de sonido (David Bowie y Roger Waters forman parte de ella), pero sobre todo, por su factura visual: un híbrido entre dibujos animados y la técnica stop motion. Quizás por ello su poster se asemeja a un fotograma, destacando al matrimonio protagonista (los adorables Jim y Hilda Bloggs) que sufrirá los efectos de la radiación nuclear. Ambos -de mirada atónita- se hallan “rodeados” de locura belicista. Iluminados a su vez por una luz que sugiere la explosión nuclear.
Hiroshima mon amour es una película de sensaciones y texturas visuales. Imágenes poderosas recubiertas por una pátina poética. La belleza del poster radica en las sutilezas: sin hacer alusión directa a la bomba atómica, el centro de la composición es ocupado por una pareja. Sobre un fondo blanco, se sugiere la bandera de Japón sin recurrir al círculo rojo: en su lugar, una mancha del mismo color habilita múltiples lecturas.

Vietnam

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Los afiches de Apocalypse Now y Deer Hunter abordan (con retóricas visuales distintas) el mismo tópico: el estado de locura post bélico. El primero reproduce un clima pesadillesco, de delirio nocturno. Si bien en primer plano, el rostro de sus protagonistas se funde con la –ya icónica- escena del barco en el río. El título recurre a una caligrafía nerviosa, acorde al clima visual general. DH en cambio respira literalidad: el ex soldado apunta un arma a su cabeza mientras mira fijo al espectador, interpelándolo. Dentro de una austeridad cromática donde el rojo (a modo de punctum) genera tensión. Full Metal Jacket (con una puesta visual simple y contundente) apela a la sinécdoque, tomando un elemento tan simbólico como el casco. Que además sintetiza, con pocos elementos, la confusión reinante en la mente del soldado: las balas y la frase “nacido para matar” conviven con el símbolo de paz. El afiche de Platoon resulta literal y efectivo: transmite la idea de horror y desesperación que sufren las tropas. En la imagen uno de sus integrantes implora al cielo en un contexto de caos y destrucción.

Irak

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Las miradas sobre la guerra de Irak oscilan entre cuestionar el conflicto o exaltar el patriotismo. Entre los segundos se encuentra –sin dudas- American Sniper, de Clint Eastwood. Su afiche no persigue metáforas: destaca al famoso francotirador SEAL, “abrazado” por la flameante bandera de EEUU. La tipografía (capitales además) del título remite a las utilizadas en lápidas o mármol, sumando solemnidad a la pieza. Entre las posturas críticas, se destacan The Hurt Locker y Zero Dark Thirty de Kathryn Bigelow. THL recurre a una foto cenital que enfatiza la tensión del experto desarma bombas en acción. ZDT (sobre la misión de las fuerzas especiales para capturar a Osama bin Laden) apuesta a una contundente puesta tipográfica sobre fondo oscuro. Lleva a primer plano el nombre del film, dejando entrever (tipografías caladas mediante) escenas del film. Redacted de Brian de Palma, también se inclina por la denuncia. El cartel muestra un documento alterado (baleado además), que deja leer “palabras guía”; dejando en segundo plano a la tropa. Logra así un resultado visual potente y coherente con la idea central del guión: la censura en épocas de Guerra. Turtles Can Fly aborda un tema incómodo: el flagelo bélico afectando la vida de los niños. Sin sensacionalismo ni golpes bajos (con una estética límpida), su afiche muestra a un refugiado cargando un niño sobre un fondo de cielo azul.

Narcos

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El afiche de Gomorra logra transmitir el núcleo del film: mostrar las redes de narcotráfico (en este caso la mafia napolitana) al desnudo. La historia desmenuza un entramado complejo –entre cuyos integrantes no hay distinción de sexo, edad o clase social- con una mirada árida y descarnada. Miss Bala (sobre una chica mexicana de familia humilde que sueña con ser reina de belleza, secuestrada por sicarios) alcanza una retórica visual útil a la trama aunque predecible. Recurriendo a un tratamiento tipográfico que potencia la idea general. No casualmente, su cartel agrega el slogan “La gomorra mexicana”. La virgen de los sicarios describe la violencia generada por carteles de droga en Medellín. Su afiche, poco logrado desde lo estético, resume la conjunción de religiosidad y violencia, apelando a la síntesis gráfica.

Sebastián Vivarelli

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