H.R. Giger, un diseñador de otro mundo

Mas allá de Alien, un legado visual que abarca diversas ramas del diseño.

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Si a alguien le resulta poco familiar el apellido Giger, bastaría con mostrarle cualquier escena de la saga Alien, para que reconozca -de inmediato- el sello del artista suizo.
H.R. Giger, además de artista, fue un diseñador integral. De hecho durante su juventud estudió Arquitectura y Diseño Industrial en la School of Applied Arts de Zurich. Siendo niño, se sintió obsesionado por la posibilidad de un conflicto bélico nuclear a escala global, y sus consecuencias para la raza humana. Temática que se trasladará a su obra, (influenciado por Francis Bacon y Salvador Dalí), plazmada con el uso magistral del aerógrafo. Sus visiones están impregnadas de surrealismo, criaturas aterradoras y paisajes pesadillezcos; donde se fusionan máquinas, cuerpos humanos y alienígenas, todo matizado con una fuerte simbología sexual.

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De producción prolífica, su trabajo más reconocido es el diseño integral para el film Alien de Ridley Scott (1979), que le valió un Oscar a los efectos especiales. Con una estética basada en la serie de pinturas Necronom IV, su labor no se limitó al diseño del alienígena (devenido ícono del cine), sino que incluyó escenografías, interiores de naves espaciales y armas. El diseño industrial tampoco escapó a su órbita, ya que proyectó un mobiliario que lleva su inconfundible marca de autor: la silla Harkonnen, pensada originalmente para el film Dune. Su extenso universo visual también llegó a la industria discográfica: cerca de 20 portadas muestran sus ilustraciones. Entre ellas destacan: KooKoo de Deborah Harry y Brain Salad Surgery de Emerson Lake & Palmer. Su trabajo también abarcó el mundo de los videojuegos: diseñó pantallas para Dark Seed (1992) y Dark Seeed II (1995), cuyos ambienten opresivos remiten a los interiores de la nave Nostromo. Su ecléctico porfolio incluye también el afiche del film Future Kill (1985), un anuncio publicitario para Levi’s (el tren que aparece es diseño de su autoría) 

 y una red ferroviaria con forma de estrella de cinco puntas, que el gobierno suizo no aprobó.
Tan fuerte es su impronta de autor, que llega a eclipsar la identidad del cliente para el que trabaja. Algo que podría ser cuestionado, pero que, por otro lado, evidencia un sello inconfundible. Una marca que trasciende el mundo del arte para inscribirse también en el ámbito del diseño.

Sebastián Vivarelli