Monsters Inc

Según el diccionario, un monstruo es:
– Ser fantástico que causa espanto.
– Persona o cosa muy fea.
– Persona muy cruel y perversa.

Por lo tanto, encarna todo lo que causa miedo y repulsión. Representa la otredad, aquello indefinible que debe ser aniquilado. En palabras de Robin Wood: “el monstruo del cine de horror encarna aquello que se reprime (…) Por un lado, el monstruo representa todo aquello que no se permite ni se acepta socialmente, pero por otra su acto transgresor personifica nuestros deseos de romper con las reglas y el orden.” (1) Su apariencia cambiará según la época, ya que los miedos, traumas y tabúes que se subliman, responden a los de cada sociedad particular. El cine -a modo de espejo deformante- reflejó esos miedos devolviendo una galería de monstruos inolvidables.

Génesis
Dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza». Y creó Dios al hombre a su imagen. El hombre -para no ser menos- creó al Golem. Un ser nacido de la arcilla y animado por la cábala que se salió de control y sembró el caos. El primer autómata había nacido. El poster de El Golem (The Golem: How He Came into the World, 1920) -dirigido por Paul Wegener-, fusiona tipografías y arquitectura sobre un fondo de fuego. En el centro de la pieza, inquietante, la figura del Golem. Un collage visual onírico, que se asemeja menos a un sueño que a una pesadilla expresionista.

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El fuego sagrado
Y del fuego vino el diluvio. Ya que fue una tormenta lo que inspiró a Mary Shelley a escribir -con sólo 18 años- la historia de Frankenstein. Pocos relatos han tenido tantas versiones cinematográficas. Recorriendo los diversos posters, es posible reconstruir la historia del monstruo.
Primero, el principio: aquellos carteles que destacan el momento de la creación, la chispa de la vida. Los posters de Frankenstein de Mary Shelley (Mary Shelley’s Frankenstein, 1994) destacan tanto los rayos que darán electricidad -ergo vitalidad- como la plataforma que eleva al monstruo hacia la vida. Idea que retoma el cartel de Carne para Frankenstein (Flesh for Frankenstein, 1974) aunque reemplazando al monstruo por una mujer y exaltando el realismo del 3D.

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Otros carteles se enfocan en la constitución del monstruo.
La resurrección de Frankenstein (Roger Corman’s Frankenstein Unbound, 1990) destaca un ojo multicolor -la parte por el todo- para sugerir la multiplicidad de cuerpos. Otra versión de Carne para Frankenstein (Flesh for Frankenstein, 1974) muestra puntos de sutura sobre la palabra Frankenstein: meta-mensaje que refuerza un rasgo constitutivo del personaje. El poster de FRANK3N5T31N (2015) remite a una obsesión moderna: las cirugías faciales, con un tagline “El hombre es el verdadero monstruo” más que sugerente.

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Como todo personaje clásico, Frank tuvo su desarrollo. En su momento de apogeo (de la mano de Universal) fue figura del star system. De ahí su cara destacando en el cartel de Frankenstein (1931), prescindiendo del cuerpo. Composición que hoy genera, más que miedo, empatía. Como todo ser vivo, Frank creció, se enamoró y hasta tuvo novia. El afiche original de La novia de Frankenstein (Bride of Frankenstein, 1935) fue subastado en U$S 334.600 en 2007, uno de los más caros de la historia. Esta hermosa pieza evidencia algo: lo único capaz de eclipsar el rostro de Frank, es el -hoy icónico- peinado de la novia. Posteriormente, a modo de reality (horror) show, Frank reunió a sus amigos en La mansión de Frankenstein (House of Frankenstein, 1944). El poster, anticipa con la frase “¡Todos juntos!” que Drácula, el Hombre lobo y el Científico loco compartirán un hogar.

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El gran pez

Lo más llamativo de los posters de El monstruo de la laguna negra (Creature from the Black Lagoon, 1954), es que destacan escenas del film, recordando a las novelas gráficas. Algo así como una selección de planos congelados. La ganadora del Oscar La forma del agua (The Shape of Water, 2017) de Guillermo del Toro, es considerada una especie de remake. Su poster (de gran calidad visual) muestra al hombre-pez y a la bella debajo del agua. Abrazados, parecen bailar, iluminados por un haz de luz ultramarino. Una trama casi imperceptible de escamas, da el toque final a una pieza muy lograda.

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El lobo es el hombre del lobo

Pensar en monstruos clásicos, dibuja en nuestras mentes otra figura mítica: el Hombre lobo. Al igual que Frankenstein, tuvo infinitas versiones cinematográficas. El poster de El hombre lobo (The Wolf Man, 1941) conecta con el lenguaje visual Universal: rostro gigante del monstruo en primer plano -acompañando al título- relegando demás elementos al segundo plano. Una forma de comprobar el nivel de (pop)ularidad que alcanzó el Hombre lobo, es que el propio Michael Fox -en la cúspide de su carrera- lo interpretó. El poster de Muchacho lobo (Teen Wolf, 1985) lo muestra en plena transformación -sonriente-, luciendo una vestimenta típica de los 80. El título del film aparece estampado a modo de logo. Pero Michael no fue el único: Jack Nicholson y Michelle Pfeiffer protagonizaron Lobo (Wolf, 1994). Su cartel es de una estética elevada: el uso claroscuros y del color como refuerzo semántico, concreta una pieza potente. Sobre un fondo negro, se ocultan los rostros, mientras el color amarillo destaca ojos, título y tagline.

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Errar es humano
La moraleja de los films donde el hombre -devenido científico- juega a ser Dios experimentando con la creación de vida es clara: no hay final feliz posible. Al menos sin daños colaterales. De eso trata La mosca (The Fly), donde el ADN de un científico se fusiona con el de una mosca. El poster de la versión de 1958, enfatiza el horror de la protagonista, dejando al monstruo alado de fondo (a una escala casi imperceptible de tan pequeña). Analizado a la distancia, la imagen causa más simpatía que miedo. El diseño más logrado corresponde a la película de David Cronenberg (1986). El clima visual refleja la tensión y el suspenso que transmite la historia. La mano del hombre y la pata del insecto saliendo del teletransportador -a contraluz-, alertan que algo salió mal, que el horror es inminente. El fondo oscuro, sumado a los tonos verdes fluo, completan un ambiente siniestro, cuyo tagline “Ten miedo, ten mucho miedo” anticipa el horror. El poster de The Fly II (1989) conserva el concepto visual general -casi un clon del primero, valga el juego de palabras-, colores y tipografías, sumando la figura del hijo y el tagline “Like father. Like son.” Algo así como “De tal palo tal astilla”. Una pieza de poco vuelo.

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Formas misteriosas

Cómo definir -o catalogar- aquello que no tiene forma, o cuya morfología se adapta al cuerpo usurpado. Tanto The Blob como La cosa (El enigma de otro mundo) (The Thing, John Carpenter), tratan sobre estos seres. El primer poster de La masa devoradora (The Blob, 1958) resulta por demás descriptivo: la ilustración muestra a la masa atacando a los humanos que huyen horrorizados. El cartel de Blob – Masa mortal (Beware! The Blob, 1972) agrega una capa semántica: la forma del monstruo sugiere una calavera. Como detalle de color, la palabra Beware! acompaña -a modo de alerta- al rostro de cada protagonista.

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La versión más lograda corresponde a de The Blob – El terror no tiene forma (The Blob, 1988). Remitiendo a sustancias observadas con microscopio, la textura rosada se fusiona con el cuerpo de una mujer, logrando una composición inquietante. El tagline “Grita ahora, mientras haya espacio para respirar” completa el clima de asfixia. Llamativamente, uno de los posters de The Thing, remite a The Blob: destaca por tamaño -encima de las instalaciones científicas- la masa alienígena. Una especie de homenaje visual al relato El color que cayó del cielo (The Colour Out of Space) de Lovecraft. Los afiches de The Thing para la precuela de 2011 ganan en calidad visual: en uno, la toma cenital anticipa el hallazgo de la nave extraterrestre. El segundo ancla con el poster de 1982: sobre fondo negro, a través del título The Thing vemos al científico sobre la nieve. Con un detalle llamativo: una de sus manos se halla en plena metamorfosis. La frase “No es humano. Aún.” completa el clima impactante del afiche.

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Cómo hablar de seres amorfos sin citar otro clásico de John Carpenter: La niebla (The Fog, 1980). El poster de la versión original, es de corte visual literal. Sus imágenes son explicativas: utilizan a la puerta como último umbral de protección. Como gag visual, las tipografías del título sugieren lo amorfo de la niebla. El poster de 2005 logra una síntesis gráfica contundente: la niebla sugiere un rostro humano horrorizado (cuya boca abierta remite a la letra “O” del título). Solución visual más atractiva e inquietante que su antecesor.

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(1) The American Nightmare: Horror in the 70’s

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